27/03/2025
Familias wichí, tobas, churupí y chorote del chaco salteño tuvieron que ser evacuadas; aunque de a poco regresan, la mayoría lo perdió todo; cómo se los puede ayudar a través de Cruz Roja y la ONG Pata Pila
Desde hace más de una semana, una lluvia persistente cae sobre el Chaco Salteño. No se trata de una tormenta pasajera, sino de una llovizna constante, inagotable, que convirtió los caminos de tierra en verdaderos ríos de lodo. En el extremo este del departamento Rivadavia, la situación ya es crítica. Y mientras el agua sigue subiendo, las comunidades piden más ayuda. Ayer, el gobernador Gustavo Sáenz coordinó la asistencia desde Coronel Juan Solá.
Los parajes San Felipe, La Esperanza, El Pañuelo, El Cocal, El Chañaral y otros asentamientos rurales cercanos al cauce de los ríos Bermejo y Teuco están completamente anegados. Hay familias indígenas y criollas aisladas desde hace días.
En los parajes la situación es aún peor. "Solo se puede salir en una canoa o una piragua, porque caminando es imposible", contó Pablo, vecino del paraje La Esperanza, quien lleva cinco días varado en el pueblo. Estima que al menos 70 personas entre wichís y criollos quedaron atrapadas por la crecida. "Lo más urgente que necesita la gente son medicamentos y alimentos. No hay forma de llegar", advirtió.
Las comunidades originarias lograron refugiarse en zonas altas, pero muchas siguen incomunicadas. San Felipe, uno de los puntos más golpeados, está bajo más de cuatro metros de agua. "El agua llegó a las casas", relataron testigos.
Desde la comunidad El Molino, en Santa Rosa, el líder indígena David Herrera explicó que los vuelos enviados por el Gobierno provincial no llegan a cubrir toda la demanda. "Llevan un bolsón por familia, pero no alcanza para más de un día. Y el vuelo no regresa al día siguiente", dijo. Ayer se reunió con autoridades municipales para intentar organizar una logística que permita llevar la ayuda reunida por organizaciones sociales y fundaciones. "Tenemos recursos, pero no cómo hacerlos llegar. Los caminos están bajo más de un metro de agua", aseguró.
El aislamiento es absoluto. La ruta 13 está cortada, y no hay forma de acceder con vehículos a los puntos más afectados. A pie es imposible.
Las chalanas, canoas y piraguas se convirtieron en la única vía de conexión entre el pueblo y los parajes. Pero el esfuerzo recae sobre los propios pobladores.
Son los hijos los que cruzan el agua buscando comida o remedios para sus padres. El Estado, por ahora, no aparece. Fuente: (El Tribuno)